Oda a mi Cali
Actualizado: 10 sept 2025

Cali me enreda con su acento sonoro, melódico, labrado con manos fuertes de compatriotras afrodescendientes e indígenas, con sazón pacífico y sazón de selva y montaña, con su olor a chontaduro y caña. Sus tardes son calidas, rosadas, de un tono tan cálido como su gente, casi anaranjado. El rosa se combina con el azul, como un sueño de algodón de azúcar que va atenuando su luz en tonos profundos: púrpuras, violetas, y da paso a la noche caleña llena de salsa, fritanga, ají y sabor.
Entre edificios de época, de colores y diseño exhuberante, que hablan de los habitantes de esta ciudad, sus mil y una historias, de sus dichas y sus tristezas. Recuerdos me hablan entre tus calles llenas de árboles y de musica, de aceite caliente y de voces que le dan calor, más calor a esta ciudad de verano eterno. Como me alegraba ver aquellos farallones altos, imponentes, llenos de niebla de madrugada al trabajo. De las pocas veces que me ha alegrado madrugar a trabajar.
Disfrutar las vistas, el clima de esta ciudad de la que me siento parte, por donde corre sangre caliente de mis antepasados, al igual que por mis venas. Cali, me recuerdas mi independencia, me recuerdas mi Libertad. Me recuerdas que esta vida solo es una y que es para vivirla. Para comer, bailar, beber, tertuliar y gozar.


